Creciendo
cada día #26
Honor
y Respeto
Nosotros
tenemos una obligación de ser extremadamente cuidadosos de no
hacer o decir algo que
constituirá incluso un menor desliz respecto del honor y el respeto
debido a otra persona. Sin
embargo, si alguien nos insulta, debemos tolerar lo que nos dicen y
tratar de ser agradables con la
otra persona.
Por supuesto, esto no es un nivel fácil de alcanzar. Toma mucho
trabajo y esfuerzo entrenarse a uno
mismo para ignorar los insultos de otros. Si una persona se identifica
a si misma como un cuerpo, es
verdaderamente difícil desarrollar esta posición antitética.
Sin embargo, al darte cuenta de que eres un alma, tendrás conciencia
de que has sido creado a
imagen de D'os. ¿Por qué esto es importante? Porque tolerar
insultos es parte del mandamiento de
emular a D'os - Quien nos da vida, incluso cuando nosotros hacemos cosas
que están en contra de
Su Voluntad!
Hoy, si alguien te insulta, piensa de la siguiente manera: los insultos
de otras personas no te causan
daño realmente.
Odia los actos malos del malvado, pero no odies a las personas que los
hacen. Toda persona es
merecedora de ser querida por la sola virtud de que fue creada a imagen
de D'os. Es por eso que
nosotros no podemos odiar a otra persona, sino que nuestro amor por
el Todopoderoso tiene que ser
tan profundo y estar tan internalizado que por ese amor nosotros odiamos
los malos actos. Al odiar
solamente acciones malas, te elevas a ti mismo, pues estás incrementando
tu amor por el
Todopoderoso.
La próxima vez que veas a alguien hacer algo malo, intenta diferenciar
entre el odio por la acción y el
odio por la persona.
¿Algunas vez deseaste cambiar los sentimientos negativos de otra
persona hacia ti en
pensamientos positivos? Observa la siguiente historia:
En los días del Rab Jaim de Volozhin, ocurrió que el carnicero
se enojó con el Rab de la ciudad pues
el Rab dictaminó que la carne de una vaca que él quería
vender no era casher. En su enojo, él
planeó matar al Rabino. Con un pretexto, él hizo que el
Rabino viaje con él en una ruta solitaria. En el
camino, el carnicero sacó su afilado cuchillo y quiso matar al
Rabino.
Al principio el Rab le suplicó al carnicero que tenga compasión
de él. Pero esto no ayudó. Cuando el
Rab vió que nada de lo que él diría iba a ayudar,
comenzó a enfocar mentalmente todas las buenas
cualidades y atributos que tenía el carnicero. Repentinamente,
ocurrió una asombrosa
transformación. El carnicero comenzó a llorar, besó
al Rabino y le pidió perdón.
La lección: ama a otros y ellos no podrán hacer otra cosa
más que amarte!