Cumple
con Tus Obligaciones
Mucha gente se queja de que las
obligaciones son una incomodidad. Pero cumplir con las obligaciones
nos ayuda a materializar nuestro potencial y es la base de la autoestima.
Los seres humanos son buscadores
de placeres. La mayoría de la gente busca el placer en el trabajo,
automóviles, mansiones. En nuestra generación, muchos se quejan
de que las obligaciones son una tremenda incomodidad. Quizás por
eso es que tanta gente espera tanto para casarse. Imagínense verse
abrumados con responsabilidades e hijos que mantener!
Esta es una actitud superficial.
Probablemente sea difícil cumplir con las obligaciones, pero nos
da un gusto enorme hacer lo que sabemos que debemos hacer. En realidad
podemos vernos energizados por la idea de asumir obligaciones. Eso es
algo intrínseco en nuestra naturaleza, así materializamos
nuestro potencial; eso nos da un propósito verdadero, un placer
verdadero.
Ohev et hatzedakot
literalmente significa “ama la justicia”. Una vez que nos damos cuenta
del placer implícito en cumplir con nuestras obligaciones, resulta
mucho más sencillo llevarlas a cabo. Y si ya tenemos que realizarlas,
realmente nos conviene darnos un gusto al hacerlo!
BUENAS ACCIONES, BUENOS
RECUERDOS
Daremos un ejemplo sobre cómo
cumplir con una obligación puede ser placentero, no sólo una
pesada responsabilidad:
Estás en la fila para
pagar en el supermercado y el cajero te da vuelto de más. Sonríes
orgulloso y le regresas lo que dio de más.
¿Cómo te sientes?
De maravilla. Hiciste lo correcto.
Eres una buena persona.
Observemos este logro con
perspectiva analítica. Tan sólo nos abstuvimos de robar unos
pocos centavos. Es sorprendente que algo tan trivial nos haga sentirnos
como héroes.
Así de exquisito es este
placer. Tan sólo un bocadillo nos hace sentirnos fantásticos,
totalmente energizados.
Ahora imagínate que estás
sentado en un banco del parque. Un hombre pasa caminando y se le cae
un sobre del bolsillo. Le dices: “Discúlpeme, pero ese sobre se
le acaba de caer del bolsillo”.
Te responde: “Caramba! Me
salvaste la vida. No puedo creerlo. Sabes lo que había en ese sobre?
Los ahorros de toda mi vida! Si los hubiera perdido, habría enloquecido!".
¿Cómo te sentirías?
Increíble! No sólo
le estás regresando el dinero; prácticamente le salvaste la
vida a este hombre!
La lección que tenemos
que aprender aquí es que si hay placer en cumplir con una obligación
sencilla, entonces el placer de cumplir con las difíciles es enorme.
CUERPO VERSUS ALMA
¿Qué determina si veremos
nuestras obligaciones como una fuente de angustia o un placer? El hecho
de que nos veamos principalmente como un “cuerpo” o como un “alma”.
A los cuerpos les disgustan
las obligaciones porque requieren de esfuerzo. El cuerpo prefiere estar
de vacaciones.
A las almas les fascinan las
obligaciones, pues dan una sensación de importancia, dignidad y
eternidad.
Aclaremos qué realmente
es importante en la vida. Cuando alcancemos esa claridad de miras, entonces
estaremos dispuestos a ignorar las quejas del cuerpo y prestaremos oídos
a los anhelos del alma. Entonces podremos identificarnos con el amor
que siente el alma hacia el cumplimiento de las obligaciones.
SER BUENOS ES HACERNOS
UN FAVOR
¿Por qué tenemos un impulso
tan fuerte hacia ser “buenos”? Porque el hecho de percibirnos a nosotros
mismos como “buenas personas” es una necesidad fundamental de cada ser
humano. Es el fundamento del respeto por nosotros mismos y nuestra autoestima.
Esto nos proporciona la energía necesaria para vivir. Si una persona
no piensa que es buena, pierde gran dosis de su voluntad para vivir.
Reflexionemos. Al ayudar a
una anciana a cruzar la calle, nos dará una sensación de satisfacción
mucho mayor que el beneficio que ella obtendrá de ese acto. Al
pensar en la energía que obtenemos al realizar una buena acción,
nos cuesta creer que la gente no esté corriendo el día entero
ayudando a los demás!
Imagínate que estás
de vacaciones en Nueva York, paseando en uno de esos botes de excursión
alrededor de la Isla de Manhattan. Mientras admiras la Estatua de la
Libertad, uno de los excursionistas se cae por la borda. No puede nadar…
se está ahogando. Así que te zambulles en el Río East,
inmundo con basura, peces muertos – pero no te importa, estás salvando
una vida. Logras tomarlo, él se revuelca… ambos se sumergen en
las aguas turbias… finalmente él deja de revolcarse, pero ahora
está pesado como el plomo… lo jalas con todas tus fuerzas… estás
jadeando, el agua apesta.
Finalmente, después de
lo que parece una eternidad, lo llevas arrastrando a la costa. Hay otras
personas dispuestas a dar una mano, y una ambulancia se lleva a la víctima
al hospital. Gracias a D'os, está vivo, tosiendo y escupiendo un
poco de agua turbia, pero va a estar bien. Regresas a tu hotel y te
das varios baños para sacarte la suciedad y el hedor a pescado
muerto de encima. Dices: “Nunca regresaré aquí por el resto
de mi vida!”.
Ahora, 30 años y 100
vacaciones más tarde, ¿cuáles fueron tus vacaciones más
memorables? La vez que ese hombre se cayó por la borda y le salvaste
la vida!
Los 48 Caminos dicen: En definitiva,
hacer el bien siempre proporciona el máximo placer.
El truco consiste entonces
en enfocarnos en los beneficios de cumplir con nuestras obligaciones.
En vez de, sencillamente, “arrojarnos” sobre una obligación, debemos
anticiparla en una luz positiva. Preguntémonos: “¿Qué placer
obtendré de hacer esto?” .
Después de realizarlo,
démonos un respiro para disfrutar de ese placer. “Se siente bien!”
Grabémonos esa sensación para que podamos recordarla la vez
siguiente.
En una forma práctica,
debes empezar a planear para realizar buenas acciones. Llama a un amigo
que necesite que le den ánimo, u ofrécete para hacer la compra
del supermercado para una persona enferma, o consulta para ayudar a
que alguien consiga un empleo. Al hacer estas cosas, ¿acaso el respeto
que sentimos por nosotros mismos no se eleva?
Percibirnos como “buenos”
es el combustible que nos motiva y nos logra sacar de la cama por las
mañanas. No debemos interponernos en el camino de alguien que se
está esforzando por ser bueno, pues pasará por sobre nosotros
como una aplanadora!
DERECHOS VERSUS OBLIGACIONES
Un par de generaciones atrás,
la idea del deber cívico era parte fundamental de la sociedad occidental.
Pero ahora vivimos en una sociedad donde todos parecen preocuparse de
sus derechos: “¿Qué provecho sacaré de esto? ¿Qué tajada
me corresponde?”
Por el contrario, la perspectiva
judía siempre consiste en enfocar las cosas desde el punto de vista
de las responsabilidades. Por ejemplo, cuando el Talmud analiza los
daños a la propiedad, siempre enuncia la ley en términos como
“Fulano está obligado a pagarle a Zutano”, en vez de “Zutano tiene
el derecho de cobrarle a Fulano”.
Los sabios dicen: "Más
grande es quien actúa obligado que quien actúa en forma voluntaria”.
¿Por qué? Porque cuando nos sentimos obligados, nuestra inclinación
natural hacia la independencia nos hace resistirnos a la obligación.
Por ello, si superamos esa tendencia y realizamos una buena acción,
entonces seremos personas más grandes a raíz de ello.
Desde la más tierna infancia,
debemos educar a los niños para que cumplan con sus obligaciones.
Para procurar que aprovechen sus experiencias, debemos dirigirnos al
niño después de que realizó una buena acción y preguntarle
cómo se siente. Entonces debemos preguntarle: “¿Renunciarías
a este placer?”. De ninguna manera! Eso les demuestra a los niños
lo valiosísimo que es hacer buenas acciones.
Redacta una lista. Cuáles
son tus obligaciones hacia: la humanidad, D'os, la sociedad, la familia,
los amigos, los maestros, nosotros mismos. Entonces disfruta
cumpliéndolas.
LAS OBLIGACIONES MÁS
PROFUNDAS
El judaísmo nos dice
que nuestra mayor obligación es alcanzar la grandeza. D'os nos
entregó las herramientas y no podemos desaprovecharlas.
Por eso es que la sabiduría
es una obligación. La sabiduría es el agua que nos ayuda a
crecer. Sin ella, nos trabaríamos. Para muchas personas, la lucha
no consiste en “hacer lo correcto”, porque no están seguros de
qué es lo correcto!
La felicidad también
es una obligación. La sociedad occidental piensa que la felicidad
es optativa (Si quiero estar deprimido, ese es mi derecho”). Pero en
realidad, ser feliz es parte de la consideración que debemos tener
hacia los demás. Cuando una persona vive con optimismo y alegría,
su energía se difunde. Una persona desdichada también transmite
desdicha.
Imagínate cómo te
sentirías si tus padres o amigos estuvieran siempre tristes. ¿Acaso
eso no te deprimiría? Debemos esforzarnos en dar a los demás
la misma felicidad que nos gustaría que los demás nos den
a nosotros.
¿Por qué “cumplir
con nuestras obligaciones” es un ingrediente de la sabiduría?
- Hacer lo correcto representa un placer
mucho mayor que el éxito material.
- Para ser una persona buena, debemos
disfrutar del hecho de ser buenos.
- Las obligaciones resultan más
sencillas cuando logramos sentir el placer de hacer lo correcto.
- Después de realizar una tarea
difícil, debemos tomarnos un respiro y reflexionar sobre cuán
bien nos sentimos.
- Las obligaciones nos ayudan a concretar
nuestro potencial.
- Cumplir obligaciones es una experiencia
del alma.
- Las obligaciones forman parte de la
vida, así que mejor nos vale disfrutarlas!