Génesis
47:28 - 50:26
Respeto
por el Difunto
Ya ha sido dicho que uno
puede medir cuán civilizada es una cultura por la manera en la
que sus difuntos son tratados. Un rabino que yo conozco ha encontrado
una nueva manera de dar a sus congregantes una apreciación más
grande de la tradición judía: Él los lleva en una excursión
a un funeral de gente secular, seguido de una visita a un funeral
de una familia judía, donde el cuerpo está cuidado por la
"Jebrá Kadishá", la sociedad judía de entierro.
En la primer parada, entre
muchas otras cosas molestas, los congregantes presencian a los encargados
trabajando con un cadáver mientras que música rock suena
estrepitosamente en el trasfondo. La visita a la Jebrá Kadishá
es bastante distinta. Allí se explica cómo, de acuerdo a
la ley judía, el cuerpo es respetuosamente lavado como parte
de la preparación del entierro. Rezos son recitados, y un "shomer"
(cuidador) está con el fallecido a través de todo el proceso.
La diferencia entre estos dos funerales es asombrosa y tiene un efecto
remarcable en los congregantes respecto de su visión sobre el
judaísmo.
Un tema importante de la
parashá de esta semana, Vaiejí, trata sobre los planes para
el funeral que Iaacov hizo para sí mismo antes de su muerte.
Iaacov fue el primer judío en arreglar que su cuerpo sea llevado
desde la diáspora a Israel para su entierro - una costumbre que
ha sido repetida por miles de sus descendientes.
Preocupado de que su cuerpo
sería adorado por los egipcios si él era enterrado cerca
del Nilo, y queriendo mucho ser puesto a descansar junto a la tumba
de su esposa y ancestros, Iaacov implora a su hijo Iosef que se ocupe
de enterrarlo en Jebrón.
Iosef acepta, y cuando
llegó el tiempo de la muerte de Iaacov, Iosef lideró una
gran procesión acompañando el cuerpo de su padre desde Egipto
hasta Israel.
La tradición judía
pone mucha importancia en la "levaiá", el acto de acompañar
al muerto hasta la tumba. Rashí presenta una razón interesante
para esta práctica, declarando que esto va más allá
de mostrar respeto por el muerto. Rashí escribe que así
como alguien que es bondadoso con el pobre es visto como un socio
de D'os, también alguien que muestra benevolencia con el muerto
(quien es más pobre que una persona viviente) ciertamente ha
ganado esta relación con D'os.
En el funeral de Iaacov,
el elogio que se dijo sobre él fue descripto como "grande y muy
solemne". Las palabras "kabed meod" que tradujimos como "muy solemne",
también pueden ser traducidas como "muy pesado" y los comentaristas
explican que estas palabras realmente "pesaban mucho" en los corazones
de los enlutados. De hecho, el judaísmo dice que el propósito
esencial de estas palabras de elogio es hacer que las personas obtengan
más apreciación sobre el fallecido, y profundicen su reconocimiento
por lo que tuvieron alguna vez - y ahora han perdido.
La "shivá", los siete
días de duelo que siguen al entierro del familiar, fue instituido
en ese tiempo por la familia de Iaacov. El sentido común (y la
psicología moderna) apoya esta idea de dedicar siete días
a un duelo profundo después de una gran pérdida personal.
Sin embargo, sorprendentemente, la tradición judía no ve
a los dolientes como los únicos beneficiados por el período
de shivá. El Talmud explica cómo el alma del fallecido da
vueltas alrededor del cuerpo por siete días, y el espectro de
personas enlutadas por el cuerpo que el alma había habitado,
ayuda a reducir el dolor del alma.
A pesar de todos los grandes
cambios que han ocurrido en el mundo desde el tiempo de Iaacov, las
prácticas de duelo judío han quedado remarcablemente firmes.
Que todos tengamos
vida y seamos saludables…