Éxodo
18 - 20
¿Por
qué el Adulterio es Algo Tan Malo?
Algunos años atrás
un Rabino colega estaba dando una clase en Chicago sobre los Diez
Mandamientos a una audiencia secular y él defendió obstinadamente
la pena de muerte que la Biblia dictamina por el adulterio. El rabino
argumentó que la toda sociedad, incluso hoy en día, sería
mucho mejor si el adulterio sería un crimen capital.
Nadie de la clase estuvo
de acuerdo, argumentando que el castigo de la Biblia es demasiado
duro, excepto por un joven muchacho que estaba sentado silenciosamente.
Esta persona había sufrido horriblemente en sus años de
adolescencia, en gran parte, porque su padre había estado inmiscuido
en relaciones adúlteras. Cuando él habló, todo lo que
dijo fue "yo no veo nada malo en la penalidad de la Torá". Sus
palabras hicieron que el resto de la clase - quienes conocían
su historia - inmediatamente queden en silencio.
La porción semanal
de la Torá, Itró, nos cuenta sobre la entrega de los Diez
Mandamiento en el Monte Sinai. ¿Por qué es que D'os escogió
estos diez mandamientos? Al analizarlos, muchos comentaristas notan
cómo los diez Mandamientos están primordialmente enfocados
en distintas relaciones: entre D'os y el hombre, entre el hombre y
el hombre, entre padres e hijos. Lo principal en cualquier relación
exitosa es la fidelidad y lealtad. Sin eso cualquier relación
está supeditada a fracasar.
Examinemos algunos comentarios
clásicos en el mandamiento que prohibe el adulterio.
Najmánides (España,
s. XIII) describe nuestras relaciones como una "escalera de amor".
Él dice que la persona primero debe amarse a sí misma antes
de llegar a amar a su cónyuge. Entonces, si él ha formado
una relación sólida con su cónyuge, esto ayudará
a desarrollar su relación con el Creador.
Sin embargo, lo opuesto
también puede ser verdad. Un hombre que es infiel a su cónyuge
muy probablemente será infiel a su D'os también.
El Midrash Mejiltá
dice que esta idea está aludida en la ubicación de los distintos
mandamientos sobre las dos Tablas. Cada una de las tablas contenía
cinco mandamientos de manera tal que el primer mandamiento estaba
alineado con el sexto (que era el primero de la segunda tabla), y
el segundo mandamiento - "No tengan otros dioses delante de Mí"
- estaba alineado con el séptimo - la prohibición del adulterio.
La Mejiltá dice que esto no es una mera casualidad, sino que
la intención es señalarnos que alguien que no es fiel con
su cónyuge eventualmente será infiel a D'os.
Otro Midrash observa que
la palabra hebrea para adulterio, "tinaf", puede ser separada en dos
palabras: "ten af" lo que significa "dando enojo". El Midrash explica
que el adulterio es una acción que D'os aborrece en particular
- una acción que particularmente invoca Su enojo. La insignia
de distinción del pueblo judío ha sido históricamente
la estabilidad de la vida familiar. Alguien que comete adulterio viola
e ignora esta insignia tradicional.
Rabí Abraham Ibn Ezra
(s.XII), dice que quien comete adulterio también transgrede el
mandamiento de "ama a tu prójimo como a ti mismo". El adulterio
es un grave pecado en contra de nuestro prójimo - es tratar al
prójimo de una manera que a uno no le gustaría ser tratado.
Por último, Maimónides
explica el adulterio en términos poderosos y eternos. Él
dice que todo el propósito de la creación es establecer
el "Shalom Bait" - la armonía entre el marido y su esposa, y
el adúltero destruye esa armonía y, en el proceso, arruina
el propósito mismo de la creación.