Parashat
Vaiélej
Deuteronomio
31
Educación
Judía
El judaísmo
siempre ha entendido que el futuro de un pueblo es tan grande como
los valores que inculca a su juventud. De acuerdo a esto, la Torá
no ordena a individuos estudiar Torá, sino que nos ordena a nosotros
"enseñar Torá a nuestros hijos". Un fascinante Midrash dice
que cuando el Mashiaj llegue, todos saldrán a su encuentro -
con excepción de los niños en la escuelas que se quedarán
en sus clases estudiando Torá!
Quizás
esto explica la ausencia de televisión en muchas casas religiosas.
Se siente que la posible ganancia de mirar programas educacionales
es más que contrarrestada por el hecho de estar expuestos a programas
menos sabrosos. ¿Por qué exponer a un niño a la impureza
mientras tratamos de inculcarle valores de santidad?! Más aún,
incluso en circunstancias en las cuales los programas son beneficiosos,
frecuentemente esas horas podrían ser mejor aprovechadas mediante
la lectura.
Este tema de
la educación juega un rol en la porción de esta semana,
Vaiélej. Un tema central desarrollado en la parashá es la
observancia del Hakhel (literalmente "reunión"). Una vez cada
siete años durante la era del Templo Sagrado, todo hombre, mujer
y niño judío era ordenado ascender a Jerusalem. Allí,
el rey leía secciones de Deuteronomio enfocándose en el
pacto entre D'os y el pueblo judío. El propósito de esto,
explica la Torá, era que el pueblo escuche "para que aprendan,
y teman a D'os".
Es interesante
ver, que el siguiente versículo específicamente resalta
a los niños pequeños, diciendo: "Y los niños que no
saben - ellos deberán escuchar y aprender a temer a D'os". ¿Qué
beneficio posible puede existir en llevarse con uno a "los niños
que no saben"? No es porque los padres no tenían la alternativa
de dejarlos a cuidado de alguien, sino que la Torá muestra claramente
que la presencia de los niños en la ceremonia del Hakhel provocará
que ellos "aprendan a temer a D'os".
El Sefat Emet,
un gran maestro jasídico del último siglo, ofrece varias
razones para este mandamiento:
Primero, él
sugiere que un reconocimiento consciente no es la única forma
en la que los seres humanos aprenden cosas. A pesar de que un infante
no puede entender conscientemente lo que se está diciendo en
la ceremonia del Hakhel, su alma puede ser muy influenciada.
Más aún,
el Sefat Emet nota, que cuando el niño crezca tendrá una
apreciación más grande por la importancia del estudio de
Torá, sabiendo que sus padres lo cargaron muchas kilómetros
sólo para que él escuche al rey leer de la Torá! La
experiencia demuestra esto: muchos de los grandes eruditos de la Torá
venían de casas pobres, donde los padres sacrificaban necesidades
básicas en función de que sus hijos reciban la mejor educación
de Torá.
En resumen,
no es lo que nosotros damos a nuestros hijos, sino los sacrificios
que hacemos por ellos - particularmente en el área de la educación
- lo que realmente cuenta.