En su novela,
"Instrucciones para un Descenso al Infierno", Dorris Lessing señala
que la percepción depende mayormente de lo que nosotros esperamos
percibir. El personaje en su novela observa que ejércitos
enteros de ángeles pueden volar a través de la persona,
pero si esa persona no esperaba un fenómeno como ese, probablemente
no lo notará.
Los comentaristas
de la Torá señalan este mismo punto al preguntar por
qué la Biblia, al presentarnos a Abraham, aparentemente no
habla de sus virtudes. ¿Por qué no se nos dice lo que hizo
que Abraham sea merecedor de tener una relación tan cercana
con D'os?
La respuesta
es que la Torá realmente nos está hablando sobre la
grandeza de Abraham sólo por el mero hecho de que Abraham
escuchó el llamado de D'os. A pesar de que D'os habló
con muchos, sólo Abraham pudo percibir Sus palabras.
Una de las
más remarcables "percepciones" de todos los tiempos aparece
en la parashá de esta semana, Shemot. En esta parashá,
Moshé estaba pastoreando las ovejas de su suegro en medio
del desierto, cuando repentinamente, vio un increíble fenómeno:
una zarza estaba ardiendo, pero no se consumía. Queriendo
saber lo que ocurría, Moshé se acercó a la zarza
y… de repente una voz se escuchó. D'os le habló a Moshé
y le encargó la responsabilidad de salvar al pueblo judío
de la esclavitud egipcia.
Hay muchas
discusiones entre los comentaristas de la Torá respecto de
la razón por la cual D'os escogió la visión de
una zarza ardiente para iniciar Su contacto con Moshé.
Rashí
ve la zarza ardiente como un símbolo de la presencia protectora
de D'os durante los tiempos en que los judíos pasarán
por "ardientes dificultades". Así como la zarza se mantiene
porque D'os mantiene su existencia, así también D'os
mantendrá la supervivencia del pueblo judío en tiempos
de necesidad.
Rabenu Bejaié
ofrece dos interpretaciones adicionales. Él cita el Midrash
que muestra que la palabra hebrea para zarza (sné) tiene
la misma raíz que la palabra hebrea "Sinai". Entonces, este
Midrash ve a la zarza ardiente como un símbolo del fuego
que arderá en la cima del Monte Sinai durante la entrega
de los Diez Mandamientos.
En otro nivel,
Rabenu Bejaié sugiere que la imagen de la zarza ardiente
es un paradigma de toda la realidad física. Puesto que el
mundo físico es un producto de una creación espiritual
de D'os, es lógico asumir que el universo físico será
consumido por la poderosa y abrumadora corriente espiritual que
emana de D'os. Es por eso que, la continuidad de la existencia
de todo el universo físico es muy parecida a la continuidad
de la existencia de la zarza ardiente. A través del simbolismo
de la zarza, D'os mostró Su aseguramiento de que mantendrá
al mundo.
Quizás
la observación más asombrosa fue hecha por Rabí
Obadiá Seforno. Él dice que en la zarza, Moshé
estaba recibiendo un nivel de profecía menor del que recibiría
años después. El pensamiento judío sostiene que
había una crucial diferencia entre la profecía de Moshé
y de los otros profetas. Mientras que los otros profetas recibían
los mensajes de D'os en forma de imágenes que tenían
que ser subsecuentemente interpretadas, Moshé escuchaba las
palabras de D'os directamente sin la necesidad de imágenes.
Sin embargo, la zarza ardiente es la única excepción
a esta regla, y puede sugerir que la percepción espiritual
de Moshé aún necesitaba desarrollarse.
Los Tosafot,
en el libro Daat Zekenim, también notan que una zarza no
puede ser usada para la idolatría y es así que Moshé
escuchó la voluntad de D'os de un medio que estaba libre
de polución espiritual.
Otros Midrashim
ven a la zarza como una señal de humildad, señalándole
a Moshé que D'os mora con el que es verdaderamente humilde.
Así como la zarza ardiente es un símbolo de humildad,
pero lleno de posibilidades que van más allá del orden
natural, así también las profecías de Moshé
estarán más allá de lo que él podía percibir
espiritualmente en ese preciso momento… elevándolo hacia
alturas que ningún otro ser humano podrá jamás
alcanzar en la historia.