Algunos años
atrás, mientras enseñaba ética judía en la
Universidad Hebrea de Jerusalem, les di a mis alumnos una actividad
difícil: ellos tenían que pasar todo un día sin
hablar (en el judaísmo clásico esto es llamado "taanit
dibur" - literalmente "ayuno del habla"). Durante el día,
ellos no podían hablar con nadie a menos que fuese absolutamente
necesario.
Cuando los
estudiantes contaron sus experiencias, ellos expresaron asombro
sobre lo que habían descubierto acerca de sus relaciones
interpersonales. Por ejemplo: una mujer llamada Stefani, dijo
que había tenido una "conversación" con una amiga durante
más de una hora. La amiga, sin saber que Stefani estaba haciendo
taanit dibur, habló todo el tiempo. Al final de la "conversación",
la amiga le agradeció a Stefani pues había tenido "la
mejor conversación de su vida!".
Muchas personas
prefieren más escucharse a sí mismas que escuchar a
los demás. Sin embargo, el judaísmo nos enseña
que escuchar - ir más allá de uno mismo - es más
importante que la auto-expresión. Esta es una de las razones
por las cuales el estudio de la Torá es superior al rezo.
Mientras que el rezo es una expresión de nuestros pensamientos,
la Torá es la expresión de los pensamientos del Creador.
En contraste
a muchas otras religiones donde la dinámica principal de
la experiencia religiosa es el hombre buscando a D'os, en el judaísmo
el mayor enfoque es la entrega de la Torá, cuando D'os se
hizo conocer al hombre.
Este concepto
de D'os "bajando" para estar con el hombre es explorado en la
porción semanal de la Torá. Mucho de esta parashá
describe al Mishkán, el santuario portátil que contenía
el Arca y las Tablas de los Diez Mandamientos. Respecto del Mishkán,
D'os le dice a Moshé: "Haz para Mí un tabernáculo
y Yo moraré ENTRE ELLOS". D'os no está distante, Él
quiere residir entre los israelitas.
La residencia
de D'os en el campamento del pueblo de Israel fue manifestada
de muchas maneras. Por ejemplo: fue de entre los Kerubim (las
figuras de oro que estaban arriba del Arca) que Moshé y Aharón
escuchaban la voz del Creador. El Midrash dice que la presencia
de D'os que descendió al monte Sinai, luego se contrajo y
se movió hacia el Mishkán en donde se posó sobre
el Arca. De esta manera, el Mishkán fue una manifestación
permanente de la revelación en el Sinai.
Esto es particularmente
significativo después del pecado del becerro de oro. Después
de ese evento trágico, D'os se apartó del pueblo judío.
Sin embargo, Su retorno al Mishkán mostró una reconciliación
entre los hijos de Israel y su D'os.
Otro Midrash
describe a un rey que amaba mucho a su única hija y nunca
quiso separarse de ella. Al dar a su hija en matrimonio, el rey
puso una condición: que la joven pareja acepte construir
una casa de invitados portátil, para que él pueda viajar
con ellos a donde ellos viajen.
El Midrash
explica que esta fue la intención que tenía la construcción
del Mishkán. Ansioso por mantener una cercanía con Su
única hija, la Torá, D'os construyó un Mishkán
en el cual Él también podía "residir".
Los matices
de este Midrash son muchos, pero un punto esencial es que a través
de la Torá, el Creador entregó toda esa sabiduría
al pueblo de Israel que era el más preciado para Él.