Una famosa
parábola describe cómo un hombre pobre, desesperado
por encontrar los medios para mantener a su familia, se embarca
en dirección a costas lejanas. Trágicamente, su embarcación
se hundió en el tormentoso océano, pero de alguna manera
él se salvó y llegó hasta una isla tropical. Para
su asombro, cuando llegó a la costa vió que la isla
estaba literalmente cubierta con diamantes. Había diamantes
en la playa, en los caminos, en todos lados había diamantes.
Con la determinación
de regresar a su casa, él encontró un constructor de
barcos en la isla y le ofreció pagarle con diamantes para
que construya una embarcación para él. El hombre comenzó
a reír y le dijo: "Pero, ¿qué voy a hacer yo con estos
diamantes sin valor?!".
El extranjero
pronto aprendió que el elemento de valor en la isla era la
carne de cartílago. Trabajando muy duro durante algunos años,
él pudo juntar suficientes cartílagos no sólo para
pagarle al constructor del barco sino también para llevarse
muchos con él. Cuando su barco estuvo listo, el extranjero
lo llenó con cartílagos y comenzó su viaje a casa.
Cuando llegó
al destino tan esperado, su familia estaba más que feliz
de verlo. Orgullosamente, él anunció: "Somos ricos!".
Él abrió el barco y les mostró a ellos… los cartílagos!
Un gran silencio había en el aire. El hombre pobre se dió
cuenta de su trágico error y comenzó a llorar.
Cada uno de
nosotros, de alguna manera, somos ese hombre pobre. Llegamos a
este mundo para lograr ciertas cosas y defender y elevar ciertos
valores, pero frecuentemente perdemos nuestro camino en el frenético
ritmo de la vida moderna. Demasiado frecuentemente, ya sea que
escojamos la carrera a cambio de nuestra familia, o que hagamos
el trueque entre la conveniencia y los valores, nos encontramos
a nosotros mismos canjeando diamantes por cartílagos.
Trágicamente,
nunca podremos volver a ganar ese tiempo perdido.
¿Cómo
podemos combatir esta confusión?
Una de las
herramientas más poderosas que ofrece el judaísmo es
el Shabat. En shabat, el judío se libera de las frenéticas
y absorbentes actividades semanales - en función de dar un
paso hacia atrás y reflexionar sobre los elementos verdaderamente
importantes de la vida. En shabat, pasamos más tiempo en
el hogar con la familia, y en la sinagoga con nuestro D'os. Vamos
a caminar, repasamos los logros de la semana y contemplamos la
dirección de nuestra vida.
El judaísmo
dice que hay otras dos oportunidades poderosas para trabajar en
la evaluación de nuestras acciones: las grandes fiestas y
el período entre Pesaj y Shavuot. Este período, descripto
en la parashá de esta semana, Emor, es conocido como el tiempo
de "contar el omer". Comenzando en el segundo día de Pesaj,
la Torá nos ordena contar 49 días hasta Shavuot, la
celebración del recibimiento de la Torá en el monte
Sinai.
De acuerdo
a muchos comentaristas, el propósito de esta cuenta es unir
la fiesta de Pesaj con la fiesta de Shavuot. A pesar de que los
judíos recibieron la libertad física en Pesaj, esa libertad,
esencialmente, no tenía ningún propósito hasta
que les fue entregada la Torá en el monte Sinai en Shavuot.
Entonces Shavuot es el propósito final del episodio de Pesaj.
El hecho de contar los días hacia Shavuot nos recuerda que
debemos enfocarnos en metas significativas, así como está
simbolizado por la Torá y el monte Sinai.
Otras fuentes
(Najmánides y Abarbanel) notan la asociación entre la
cuenta del omer y la estación de la cosecha. La palabra "omer"
es una medida de peso y se refiere a la cantidad de harina de
cebada que era llevada como ofrenda al Templo en el segundo día
de Pesaj. Esta ofrenda se ofrecía en el tiempo de la cosecha
de la cebada y era una expresión de agradecimiento a D'os.
Al final de los 49 días de la cuenta, en el tiempo de la
cosecha del trigo, una ofrenda de harina de trigo era también
llevada al Templo.
De acuerdo
con Abarbanel, la población agraria - inmiscuida en las actividades
del campo - podía llegar a compenetrarse demasiado en su
trabajo y olvidarse del significado de este período. La cuenta
del omer servía para actuar como un freno en ese proceso,
y los ayudaba a reenfocarlos en los valores representados por
la fiesta de Shavuot.
Durante estas
semanas - cuando los judíos de todo el mundo están contando
el omer - ésto se ha convertido en otro recordatorio del
mundo moderno para que observemos los diamantes de nuestras vidas…
y no los cartílagos.