Un prominente
miembro de una congregación se acercó a su Rabino y
le dijo: "Me gustaría ser un Cohen". El Rabino, para no ofender
al hombre, respetuosamente se negó.
"Rabino" -
dijo el hombre - "si usted me hace cohen yo donaré $25000
a la sinagoga". Pero aún así el Rabino se negó.
"Está
bien, donaré $50000!". De todas maneras el Rabino tuvo que
negarse.
"Oferta final:
$100000. Tome el dinero y hágame un cohen - pues si no me
iré de la sinagoga!".
Intrigado,
el Rabino le preguntó por qué quería convertirse
en un cohen. "Es simple" - dijo el hombre - "mi padre fue un cohen,
mi abuelo fue un cohen… yo también quiero ser un cohen!".
En los tiempos
del Templo Sagrado, el estatus hereditario era algo que se preservaba
muy orgullosamente por los cohanim, las familias sacerdotales.
Los cohanim tenían la responsabilidad de conducir el servicio
en el Templo de D'os, y actuar como los líderes espirituales
del pueblo.
Sin embargo,
desde la destrucción del Templo, las oportunidades disponibles
para que los cohanim sirvan al pueblo han disminuido considerablemente.
De hecho, hoy en día, el único momento que un cohen
realmente cumple con su rol es al participar de un pidión
habén (el rescate del primogénito), y al recitar las
bendiciones de los cohanim, las cuales encontramos en la parashá
de esta semana:
"Que D'os
te bendiga y te cuide".
"Que D'os
haga brillar Su rostro sobre ti y sea bondadoso contigo".
"Que D'os
dirija Su rostro hacia ti y te dé paz".
El Or Hajaim
explica el primer versículo diciendo que la bendición
sea tan grande que necesite un cuidado especial. El segundo versículo
es una bendición para que estemos muy cerca de D'os y que
seamos insuflados con un deseo de hacer el bien, y el versículo
final afirma la esperanza de que todos los impedimentos que nosotros
hemos causado en nuestra relación con D'os deben ser dejados
a un lado, debiendo buscar la verdadera paz mediante nuestra integridad
con D'os.
Hoy, se ha
hecho una costumbre que los padres usen estas hermosas palabras
para bendecir a sus hijos cada viernes en la noche, en la mesa
de shabat.
Quizás,
no es coincidencia que el descubrimiento arqueológico más
antiguo de un versículo bíblico fueron las palabras
de las bendiciones de los cohanim encontradas en un amuleto de
2500 años de antigüedad.
En la práctica,
hoy en día, esta bendición es recitada por los cohanim
en el servicio matutino diario en Israel, y en la diáspora
en las fiestas (los judíos sefaraditas dicen la bendición
todos los días incluso en la diáspora).
Sin embargo,
la bendición de los cohanim involucra más que el simple
pronunciamiento de las palabras. En verdad, en la tradición
mística judía, la posición de las manos de los
cohanim durante la bendición es tan importante como las palabras
mismas. Los dedos de los cohanim están alineados de tal manera
que representan el nombre impronunciable de D'os. Más aún,
la mano derecha (la cual representa la bondad) tiene que estar
un poquito más elevada que la izquierda (que representa el
juicio). Todo esto es realizado para hacer que la presencia de
D'os descienda sobre la congregación. Sin embargo, el efecto
de la bendición no se limita a la congregación. La bendición
de los cohanim contiene 60 letras, las cuales representan las
60 decenas de miles (las 600 000 personas) que estuvieron en el
monte Sinai para recibir la Torá. Esto corresponde a las
600 000 almas básicas que conforman el pueblo judío.
Cuando los
cohanim recitan la bendición - con 60 letras - entonces la
bendición recae sobre cada judío.