Éxodo
21:1 - 24:18
"Somos
lo que hablamos"
"Los sueños están
hechos de un material airoso, ellos existen en un mundo aparte. En contraste,
las acciones son mortero y ladrillo, reales para que todos las vean.
Las palabras son el puente entre el deseo y la realidad, ellas poseen
el poder de transformar el aire fino en grandes ciudades. Pero ten cuidado,
pues ese puente puede ser atravesado en ambas direcciones y en lugar
de ayudar a construir una gran ciudad, puede destruir un hermoso sueño".
Las palabras nos cambian
y nos afectan. Ellas concretizan lo que, de otra manera, serían
ideas etéreas. Ellas son el primer paso en transformar los sentimientos
y pensamientos en realidad… deseos en realidad.
"Las palabras son para las
ideas lo que las acciones son para las palabras".
Las acciones son "más"
que palabras, ellas afectan todo nuestro ser. Nosotros podemos entender
bien que un asesino, a través del acto de matar, es una persona
que ha cambiado. La acción de terminar fríamente con la vida
de otro, afecta profundamente la manera en que uno siente hacia otros.
Y mientras que el asesino es un ejemplo extremo, es claro que las acciones
nos cambian.
La palabra tiene un menor
efecto que las acciones, pero son más fuertes que las ideas. Alguien
que habla de ser desagradable con otro, ya es una persona distinta de
la que sólo tiene pensamientos sobre estos actos.
Una vez que hablamos una
cosa, esto cambia nuestra relación respecto de eso. El profeta
Irmiahu dice: "He aquí, ustedes hablaron e hicieron que el mal
sea permisible" (3:5). Las personas no salen y matan personas. Sino
que hay un proceso. Primero ellas hablan de eso. Y poco a poco, ya no
parece tan malo hacerlo. El primer paso para hacer algo erróneo
es hablar sobre eso.
¿Por qué las personas
hablan sobre eso antes de hacerlo? Porque "hablar" es un proceso desensibilizador.
Al principio una persona puede querer hacer el acto en cuestión,
pero no puede. Ella se sentiría muy culpable. Entonces lo habla
con alguien.
Los sentimientos son muy
sofisticados y delicados. Ellos no se adquieren fácilmente - pero
son fácilmente removidos. Hablar puede desensibilizar y diluir
los sentimientos.
Un ejemplo: intenta tener
una discusión abierta sobre la idea de escupir en la cara de tu
madre. Es difícil incluso hablar de eso, los sentimientos son muy
fuertes. Pero cuando ya puedes hablar libremente sobre eso, estás
en el camino a hacerlo.
Esto no quiere decir que
debemos tener una sociedad "cerrada", censurando cualquier discusión
de una lista preasignada de diferentes temas. Sino que quiere decir
que hay dos caminos para discutir ideas. Tú puedes hablar sobre
un acto despreciable de una manera que expresas sentimientos de disgusto
- o tú puedes hablar sobre esto con un sentimiento de regocijo.
El hombre es un instrumento
delicado y frágil - como un poderoso telescopio. Propiamente situado,
el telescopio puede ser usado para ver distancias increíbles. Pero
una pequeña desalineación de la lente o el espejo, o una pequeña
suciedad en el lugar erróneo, puede dejar incluso al mejor telescopio
inutilizado. Similarmente, las palabras y sentimientos desubicados pueden
desbalancear la percepción de la realidad de un ser humano - y
aplastar sus sensibilidades.
La parashá de esta semana
dice: "…y el nombre de otros dioses no menciones, ellos no deben ser
escuchados de tu boca" (23:13).
Rabí Iaacov Weinberg
(Rosh Ieshivá Ner Israel, Baltimore) señala que algunas cosas
son tan peligrosas que nunca deben ser discutidas. Sin embargo, si hay
necesidad de mencionarlas, entonces deben ser dichas sólo a manera
de alusión. Usar el nombre de un ídolo - incluso para su detrimento
- nos cambia, afecta y desensibiliza. Es por eso que la Torá lo
prohibe. El poder del habla es tan grande que las palabras nos influencian
negativamente, más allá de la intención que hay detrás
de ellas.
La Torá ofrece muchas
herramientas para preservar nuestra pureza del habla. Por ejemplo, el
judaísmo requiere de nosotros que hablemos en forma clara. Está
demás decir que nuestro lenguaje no debe incluir obscenidades o
tonterías. Pero la Torá lleva esta idea mucho más lejos.
Por ejemplo: cuando la Torá habla sobre aves no kesherot, dice
"y esos que no son puros", en lugar de usar la forma negativa "impuro"-
la Torá lo dice como algo "no positivo" - no puro. Es una sutileza,
pero para ser sensible a la belleza de la vida, uno necesita tener su
mente limpia. El método para alcanzar esto es teniendo una boca
limpia.
"Es mucho más fácil
ver la belleza en un jardín de rosas que encontrarla en el depósito
de desechos".
Haz de tu mente un "jardín"
a través del uso de un lenguaje limpio, en lugar de un "depósito"
a través de un lenguaje sucio.
No hables sobre las personas,
las razas de las personas, hombres, mujeres, la vida, tu día, tu
trabajo, o cualquier cosa, de manera que no te gustaría que sea
llevado a la realidad. Si tú describes a la vida en términos
sucios, la vida se hará un poco más sucia.
Preguntas
para Reflexionar
#1: ¿Cuáles son
las palabras más difíciles que has tenido que decir? ¿Cómo
te han afectado esas palabras? ¿Qué hizo que fueran tan difíciles?
#2: ¿De qué manera
te gustaría ser mejor persona mañana? Expresa tu respuesta
en palabras, repítela cuatro veces, y observa cómo te ha afectado.