"La
elección de las experiencias"
Génesis 18 - 22
Nosotros somos una sociedad "hambrienta
de experiencias". Todo lo que ofrece un distinto o nuevo gusto, sentimiento,
aventura o incluso sonido, obtiene una inmediata popularidad.
Sin embargo, de todas las experiencias posibles,
¿no sería la más grandiosa tener una conversación
con el Creador de todas las experiencias? Incluso un ateo estaría
de acuerdo que si D'os verdaderamente existe, un encuentro con Él
sería una experiencia más allá de cualquier comparación.
En la parashá de esta semana, Abraham
vivió esta experiencia de hablar con D'os (Génesis 18:1-2).
Sin embargo, en medio de la conversación Abraham deja a D'os en
función de ofrecer hospitalidad a tres extraños que pasaban
delante de su puerta.
¿Cómo pudo ocurrir algo así?!
¿Qué experiencia tan grande Abraham vió que lo indujo
a abandonar su reunión con el Ser Supremo?
Dos
opciones
Para entender la elección de Abraham
tenemos que hacernos una pregunta distinta: ¿qué es más
grandioso: amar o ser amado?
Amar es ser humano. Ser amado no es ser
más que una estatua, admirada y alabada, pero sólo un objeto
pasivo.
Amar a otros y dar placer a otros, nos brinda
un sentimiento de autovaloración, de realización, de que
hemos ayudado a hacer de este mundo un lugar mejor. Esto llena nuestros
días con significado y regocijo.
Sin embargo, en la práctica, a pesar
de que es verdad que encontramos más integridad en "amar a
otros", tendemos a poner muchas de nuestras energías para
ser "amados". Ponemos un esfuerzo increíble en la manera
de vernos, en el lugar en el cual vivimos, en el auto que conducimos -
todas las cosas que provocan que los otros gusten de nosotros. Más
esfuerzo del que ponemos para intentar mejorar la vida de los otros.
¿Por qué nos dedicamos tanto
tiempo a esto, cuando nunca terminamos respetándonos a nosotros
mismos por buscar la admiración de otros? ¿Y cuando sabemos
profundamente en nuestro interior que finalmente no hay satisfacción
por una vida de autogratificación?
Dador
o receptor
Nosotros vivimos en un mundo llamado "YO".
Muy pocas personas pueden escaparse del camino desenfrenado del materialismo
del mundo occidental. Todo lo que nosotros gastamos en otros, incluso
en nuestros hijos, es percibido frecuentemente como que lo sacamos de
lo nuestro. Considera la declaración: "no vamos a tener niños
para poder continuar con nuestro estilo de vida".
En la vida, somos o dadores o receptores.
A pesar de que todo el tiempo nos podamos percibir a nosotros mismos como
dadores, en realidad solemos ser bastante egoístas. Todo lo que
tenemos o no tenemos afecta nuestro estado de ánimo y nuestra visión.
Nosotros vivimos en un mundo de "receptores" y todos hemos tomado
de esta misma taza.
En la parashá de esta semana: ¿Por
qué Abraham dejó de hablar con D'os para ofrecer comida
a los extraños? Porque hay algo más grandioso que la experiencia
pasiva de hablar con D'os, incluso más grandioso que la experiencia
de "ser amados", incluso más grandioso que satisfacer
los deseos propios. ¿Cuál es esa gran experiencia? Ser realmente
como D'os. Emular a D'os, salirnos de nosotros mismos, ser activos y hacer
cosas por otros. Ser un dador.
Nuestras acciones afectan nuestros sentimientos.
Si nuestras acciones son elevadas, nos sentimos bien con nosotros mismos.
Si nuestras acciones están enfocadas hacia afuera, en otros, en
mejorar al mundo, nosotros sentimos que hemos logrado algo.
Por otro lado, si son enfocadas hacia adentro,
sólo para ayudarnos a nosotros mismos, carecemos de este rico sentimiento
de realización. No importa cuánto podemos tomar para nosotros
mismos, no se puede igualar al sentimiento de ser dadores.
Repasa tus actividades diarias: ¿Cuántas
de ellas fueron para otros y cuántas de ellas fueron para ti mismo?
Si has tenido un mal día, ahora sabes por qué.
Para llevar
esto a la realidad, intenta hacer los siguientes ejercicios: Haz
una lista de todos tus amigos cercanos y familiares cercanos. Por
una semana haz algo por ellos. Dáles un regalo, pasa algunos
momentos con ellos, comparte una idea o experiencia. Luego al final
de la semana, evalua: ¿Esto mejoró mi semana o no?
Si lo hizo, intenta practicar esto regularmente en tu vida.
Preguntas
para reflexionar
#1: ¿Cuántas
veces has dado hoy?
#2: ¿Cuántas veces
has tomado hoy?
#3: ¿Qué elementos
"para dar" puedes agregar a tu vida?
Parshiot
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