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Parashat Sheminí
:
Gastronomía
judía
Por
el R. Aharon shlezinger
En
la sección de "Sheminí", la Torá nos enseña
acerca de los animales terrestres, peces y aves que podrán ser consumidos
por el pueblo judío, y a su vez, son detalladas aquellas especies que
su ingestión queda prohibida para los hijos de Israel.
El primer género abordado es el de los mamíferos, siendo estas
las palabras utilizadas por el versículo (Vaikrá
12: 1 a 7):
"Habló Hashem a Moshé y a Aharón mencionándoles:
hablen a los hijos de Israel e infórmenles: este es el animal que comerán
de entre todos los animales que hay sobre la tierra: todo aquel que tenga pezuña
partida y sea rumiante, a ese comerán. Pero a este no comerán
de los que son rumiantes y tienen pezuña partida: el camello, porque
es rumiante pero no tiene pezuña partida, es impuro para ustedes; el
conejo, porque es rumiante, pero no tiene pezuña partida, es impuro para
ustedes; la liebre, porque es rumiante pero no tiene pezuña partida,
es impura para ustedes; y el cerdo, porque tiene pezuña partida, pero
no es rumiante, es impuro para ustedes".
Podríamos pensar que esta estricta selección de animales comestibles,
dispuesta por la Torá, que nos indica cuales son las especies que podemos
incluir en el menú diario a lo largo de toda la vida es sólo una
cuestión de salud, en otras palabras, que la carne de estos mamíferos
es propicia para mantener saludable y fuerte a nuestro cuerpo.
Sin embargo, no es esa la intención. Si pretendiésemos que la
lista enumerada de especies permitidas tiene razones curativas, estaríamos
catalogando al Pentateuco, como a un simple libro de medicina o manual de salud. Como
es sabido, esta premisa no es correcta, pues el Pentateuco contiene objetivos
que orientan hacia metas mucho más elevadas que simples consejos de salud,
lo cual es pura y exclusivamente terrenal.
Siendo este libro, la Torá, un medio para alcanzar la espiritualidad
plena, está por encima de todo lo físico.
Debemos concluir, que la selección de animales aptos para el consumo
de los judios está orientada a lograr a través de su ingestión,
una mayor elevación espiritual. Lo contrario podría suceder, si
se consume de las especies que fueron prohibidas.
Lo que prueba lo anteriormente dicho es, que los gentiles consumen a diario
carne de cerdo, liebre, camello, etc. y su estado de salud es vigoroso y fuerte,
esto es en el plano material.
Tenemos
entonces que reconocer que la influencia de esta dieta estipulada
por la Torá es estrictamente espiritual y que consecuentemente
afecta a la parte material del judío.
Viendo la situación desde este punto de vista, notaremos
claramente la diferencia al comparar espiritualmente a un
integrante del pueblo judío que guarda las leyes
de pureza alimenticia, con un gentil que consume las carnes
antes citadas.
Además, es menester considerar que esta selección
alimenticia fue encomendada exclusivamente al pueblo de
Israel
Esto se asemeja a un campesino que posee una granja, sembrados,
animales, etc.
El
está acostumbrado a ordeñar la vaca e ingerir
la leche que proviene del interior del animal tal como sale,
caliente, sin pasteurizar, y sin adiciones de ningún
tipo.
Sin
embargo, esto no es posible para aquellos que viven en la
ciudad, y trabajan en oficinas o sitios semejantes, quienes
están acostumbrados a beber solo leche pasteurizada,
y procesada. Sus cuerpos no están habituados convenientemente
y no la pueden ingerir.
Debemos saber cual es la causa por la que el campesino puede
beber la leche espesa, caliente y recién ordeñada:
se debe pura y exclusivamente, a que se ha acostumbrado
a ello. Es precisamente por esa razón que lo puede
hacer, y nosotros, los habitantes de la ciudad, no lo logramos,
simplemente porque no estamos habituados.
Esto
mismo sucede con el consumo de los animales que nos
fueron prohibidos.
Si guardamos la dieta dispuesta, la dieta "pura"
con la que fuimos "acostumbrados" desde la entrega
de la Torá, nos podremos elevar más y más
hasta alcanzar niveles espirituales que nos permitirán
sobreponernos y minimizar todas las aflicciones y problemas
que sobrevienen a causa de lo material. Poseemos un alma
pura, y el conducto que la comunica con su origen Divino
está despejado y libre al ingerir alimentos puros.
Esto permite el ascenso citado a su fuente generadora de
vitalidad, fuerza y energía.
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