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El
cerdo y sus utilidades |

Por R’ Aaron Schlezinger |
No,
cerdo no!… ¿No?
El cerdo,
es un mamífero totalmente diferente a los que frecuentemente se
ingieren; es común en las personas considerarlo un animal detestable,
sucio y que trae enfermedades. En la jerga callejera, es común
escuchar de boca de aquellos que ofenden inescrupulosamente a su prójimo,
términos como: “¡Eres un cerdo!”. “¡Cochino!”.
“¡Chancho!”. “¡Puerco!”.
Informes de expertos declaran, que la composición de la carne de
cerdo, es realmente perjudicial para la salud de la persona, pues en este
animal, la grasa es intra-celular, vale decir esta dentro de la celula,
mientras que en otras especies - vacas, ovejas, ciervos carnero - está
está fuera de la célula en el tejido conectivo. Sin embargo
siempre existe la posibilidad de hallar en algunas reses muy viejas tambien
pequeñas cantidades de grasa dentro de la célula, pero en
el cerdo particularmente, el porcentaje de grasa es muy alto. Lo anteriormente
afirmado se puede comprobar realizando un experimento muy sencillo, al
colocar un trozo de carne magra de cerdo en una sartén caliente,
de inmediato la grasa saldrá despedida de la carne y esta comenzará
a fritarse “en su propia salsa”.
Ahora bien, puesto que la grasa de puerco contiene el doble de calorías
que los hidratos de carbono y las proteínas, lo primero que el
cuerpo hace con ella es almacenarla en el tejido conectivo. Esto explica
la gran cantidad de obesos entre los comedores de cerdo. La de ellos,
es una grasa firme y dura, difícil de desmontar.
La grasa siempre está asociada al colesterol. Las macro-moléculas
están cargadas de colesterol y juegan un papel importante en la
hipertensión y en la arteriosclerosis. Se las considera factores
adicionales en el infarto del miocardio y en las coronariopatías,
en las afecciones circulatorias de la periferia especialmente en combinación
con nicotina.
La mayoría de la gente sabe que el cerdo es un animal capaz de
comer basura y revolcarse en el barro; por esta razón, aunque desconozcan
los efectos que ocasiona la carne porcina a la salud, de todos modos,
consideran al puerco, un ser detestable, y abominable por su conducta.
Existen, no obstante, aquellos que pese a este cuadro expuesto, consumen
carne porcina. Ello se debe a que son personas poco reflexivas, y no piensan
en el origen y procedencia de lo que llevan a su boca, ni en las consecuencias
para la salud que ello puede acarrear. Es algo similar a lo que acontece
con el fumador, quien cuando se inicia en este hábito, seguramente
ya ha escuchado muchas veces lo que sucede finalmente con un gran porcentaje
de los fumadores, pero, cuando fuma, no considera nada de esos informes
y sugerencias, prefiriendo “disfrutar de la vida”, sin pensar
en lo que puede ocurrir en el futuro.
El individuo que come cerdo, demuestra una gran falta de responsabilidad
en el cuidado de su propia salud, al ingresar las carnes porcinas a su
organismo. Además, deja al descubierto su total falta de coherencia,
en el momento en que le surge insultar a sus semejantes, pues en esa oportunidad
les dice: “¡Eres un cochino!”. ¡Cerdo!. ¡Puerco!.
Desprecia a los otros, utilizando lo que él mismo lleva a su boca.
El cuadro anteriormente descrito permite vaticinar que nadie desearía
compararse ni asemejarse a este tipo de animales y sería una verdadera
hipocresía pretender, tal como se dijo del mono, que los seres
humanos provienen del cerdo, dadas las enormes diferencias entre ambas
especies.
¿Quién puede elevar al cerdo?
El informe que presentaremos a continuación, seguramente provocará
un marcado cambio con respecto a este enfoque popularizado.
Los seres humanos, como es sabido, comúnmente sufren enfermedades.
Muchas veces, los médicos comprueban que ya nada se puede hacer
por el paciente, dado que su hígado u otro órgano se encuentra
destruido, a veces las válvulas cardíacas ya no pueden seguir
funcionando. En muchos casos las horas del afectado están contadas,
a menos que se realice un transplante urgente, pero, para que esto pueda
hacerse, deberá aparecer algún donante, que suministre el
órgano necesario.
Las grandes eminencias en el campo de la medicina lograron realizar con
éxito sustituciones de órganos, reemplazándolos por
el de un donante humano, lo que conocemos hoy en día como transplante
de órganos
Desde que el Doctor Christiaan Barnard hiciera su primer trasplante de
corazón en Sud Africa, la técnica de trasplantes de órganos
se ha generalizado en la práctica médica por todo el mundo,
habiendo alcanzado altísimos niveles de perfección.
Sin embargo un gran problema comenzó a suscitarse, la demanda de
órganos comenzó a crecer, y los donantes no eran suficientes.
Por este motivo, los médicos pensaron en la posibilidad de recurrir
a especies animales como donantes de órganos (xenotransplantes).
Podíamos pensar que la utilización de órganos procedentes
de monos tendría lógica dada su supuesta proximidad evolutiva
con la especie humana; por esta razón se pensó en ellos
en un comienzo como potenciales abastecedores de órganos. Sin embargo
hubieron desde el comienzo varios problemas, el primero fue la diferencia
de tamaño de los órganos entre las especies; sin embargo,
ante la ausencia de otra alternativa, se realizaron muchos xenotrasplantes
de riñón, corazón, hígado y médula
ósea procedentes mayoritariamente de chimpancé y mandril
con resultados negativos en la mayoría de los casos.
Otro problema con el que los médicos se encontraron fue la falta
de compatibilidad, y además el rechazo provocado por el organismo
humano fue absoluto.
El tercer problema fueron las innumerables enfermedades transmitidas a
través de los órganos procedentes de los simios, las cuales
resultaban letales en muchos casos para el paciente trasplantado. Las
dificultades experimentadas con los transplantes de órganos proveniente
de monos, provocó que se deje de lado esta hipótesis, basada
en una fantasía evolucionista de parentesco entre el hombre y el
mono, y se comience a buscar otro animal más compatible y que fisiológicamente
se asemeje más al hombre para poder proveerle de órganos
sustitutos.
Lo mas sucio y lo “más limpio"
Los investigadores sabían que la demanda de órganos es cada
vez mayor, por lo que urgía encontrar una solución a este
tema.
Aunque parezca raro, ¿en qué animal pensaron los científicos?.
Ni más ni menos, en el cerdo.
Las cifras son aterradoras la cantidad de pacientes que esperan un transplante
de órgano es inmensa, por eso, los científicos, buscando
una solución al dilema, estudiaron el desarrollo y estructura molecular
del cerdo. Los hombres de ciencia quedaron sorprendidos por la enorme
similitud que presenta este animal con la raza humana. Se ha podido apreciar
claramente, que en la fase fetal, un porcino de 21 días, es sorprendentemente
similar a un feto humano de 31 días. También se pudo contemplar
la enorme similitud entre un embrión humano de 9 semanas, a uno
de cerdo de 8 semanas.
Sólo para tener una idea de la importancia que el cerdo puede asumir
en la área de donación de órganos para el hombre,
presentamos las estadísticas de EE.UU. las cuales muestran que
en el año 2000, había 67.000 pacientes esperando trasplantes
en ese país (44.000 para el Hígado, 4.000 para el corazón
y 3.600 para los pulmones). Infelizmente, sólo 20 mil trasplantes
fueron realizados. La investigación mostró que más
de 100.000 personas, ni entraron en esta " línea de espera"
y que miles mueren todos los días por la falta de donadores.
Los expertos en el campo de la medicina, decidieron después de
intensivas pruebas e investigaciones que los órganos del cerdo
pueden ayudar a mucha gente que se halla en lista de espera de un posible
donante para recibir un trasplante. Así fue, como comenzaron a
desarrollar este proyecto, y pudo comenzar a aplicarse en pacientes que
tenían las horas contadas.
El cerdo comenzó a utilizarse para proporcionar válvulas
cardiacas que son retiradas de su corazón y conservadas en una
mezcla química, hasta que se las necesite para transplantar en
seres humanos. Estas válvulas pueden permanecer en ese preparado
por 5 años, hasta que sean requeridas.
El hígado de cerdo también comenzó a emplearse: en
1992, en la Universidad de Pádova, Italia, una mujer de 33 años
recibió el primer trasplante de un hígado artificial producido
a partir de células modificadas de cerdo. Afectada por una hepatitis
fulminante, esta mujer con el trasplante consiguió sobrevivir durante
4 días hasta que se encontró un hígado humano para
el trasplante definitivo.
El páncreas del cerdo es un órgano del que se obtiene Insulina,
una hormona esencial para los diabéticos. La insulina está
encargada de permitir la entrada de azúcar en las células
y de reducir su tasa en la sangre, evitando de esa manera que alcance
niveles mortales para el hombre.
De la glándula pituitaria del cerdo puede obtenerse el ACTH que
es una hormona usada en la medicina humana para el tratamiento de artritis
y enfermedades inflamatorias.
La Tiroides del cerdo se usa para obtener medicamentos que se usarán
por personas que poseen glándulas tiroides poco activas.
La mucosa intestinal del cerdo se usa para obtener una sustancia llamada
Heparina que tiene propiedades anticoagulantes y es aplicada en medicina
humana en los casos de trombosis.
Del pulmón del cerdo, puede ser retirada una sustancia llamada
surfactante que es indispensable para el tratamiento de bebés nacidos
con el síndrome de inmadurez pulmonar. Sin esa sustancia, que es
utilizada como lubricante, los bebés corren un serio riesgo de
morir por asfixia.
La piel del cerdo puede usarse en los trasplantes temporarios en el hombre,
en los casos de quemaduras de tercer grado, que causan grandes discontinuidades
de su piel. Esta piel no sirve para los trasplantes definitivos, debido
a que el cuerpo humano en muchos casos la rechaza.
El panorama descrito, es impresionante y demuestra que el ser humano tiene
mucha mayor afinidad con el cerdo que con el mono. El organismo del cerdo
se asemeja increíblemente al del ser humano, mientras que el del
mono es totalmente diferente e incompatible.
Lo que hemos visto anteriormente demuestra claramente que “las apariencias
engañan”, no hay que fijarse en lo superficial o exterior,
sino en la esencia, o lo interior. Este concepto tan importante ha sido
enseñado por los sabios en el Talmud la mishna en Pirkei Avot nos
enseña: “no te fijes en el recipiente, sino en su contenido”.
El Talmud, es la enciclopedia judía más maravillosa que
existe y nos explica la Torá escrita. En el Talmud se pueden encontrar
enseñanzas que abarcan todos los ámbitos de la vida. Todo
lo que se necesita saber está escrito. Si uno quiere saber acerca
del tema del cerdo que hemos tratado en este artículo, también
acudiremos al Talmud y hallaremos un resumen de lo que ha llevado a los
científicos, varios siglos en descubrir.
En el tratado de Taanit, 21ª consta que cierta vez, hubo una peste
que afectó a los cerdos. Rabí Iehuda, que era uno de los
eruditos más importantes de la época al enterarse, decretó
inmediatamente que toda la población ayune para que el Todopoderoso
se apiade de los pobladores, y quite de allí ese flagelo. El sabio
movilizó a todos los habitantes del lugar provocándoles
todos las molestias que ocasiona el abstenerse de probar alimento y tomar
agua durante todo el día. Cabe destacar que todo esto fue pese
a que ningún ser humano había resultado afectado aun por
la epidemia.
El decreto sentenciado por Rabí Iehuda, fue analizado por los sabios
que le sucedieron, los cuales se reunieron para averiguar los pormenores
del asunto. Los presentes se preguntaron: ¿Por qué razón
decretó Rabí Iehuda un ayuno público?. La respuesta
fue: Por una peste que se había propagado entre los cerdos.
Uno de los sabios preguntó: ¿Acaso consideraba Rabí
Iehuda que si una especie animal es afectada, eso causará que las
demás especies se contagien, provocando peligro a los hombres?.
La respuesta le fue dada de inmediato: “!De ninguna manera¡”.
Si se propaga una peste entre los monos, no se decreta ningún ayuno.
En caso de contraer las vacas una epidemia, tampoco se sentencia ayuno
alguno. Y así se ha de proceder con todas las demás especies
animales, ya que no es peligroso para la humanidad que ellos se enfermen.
Los males que los afectan en la mayoría de los casos, no son peligrosos
para los organismos de las personas. (A menos que se consuma su carne,
en ese caso si existe el riesgo).
Sin embargo, la pregunta obvia no tardó en saltar en la mesa de
debate: entonces, “¿Qué tienen de diferente los cerdos,
que por causa de su enfermedad toda la población debe ayunar y
pedir clemencia al Creador por esta enfermedad?”.
La respuesta a este interrogante fue terminante: “Es necesario ayunar
en caso de peste en los cerdos, porque su aparato digestivo es similar
al de los humanos”. Por eso, los males que los atacan, son propensos
a contagiar a las personas, a pesar que no consuman su carne.
De la sentencia anterior deduce el comentario del Talmud llamado Tosafot:
“Si la razón del peligro de contagio en los humanos es, por
causa de que el aparato digestivo de los cerdos se asemeja al de los hombres,
en ese caso, corresponde decretar ayuno cuando hay una epidemia entre
los gentiles también”. Su deducción fue aceptada.
Evidentemente, los sabios del Talmud, sabían sobre la anatomía
humana, la de los animales, y como funciona todo el universo, ya que todo
les fue explicado por vía oral, por sus padres y maestros. Esta
información fue transmitida de boca en boca, generación
tras generación, desde que el Todopoderoso la entregó a
Moshé en el Monte Sinaí hasta que fue ordenada y escrita
en el Talmud cuando el pueblo fue exiliado a Babilonia. Esta es la razón
por la cual los sabios sabían hace más de dos mil años
la compatibilidad de los órganos del cerdo con los de los humanos.
Otros datos ilustrativos
Al analizar las distintas utilidades del cerdo en el campo de la medicina,
parte de las cuales hemos enumerado, comprobaremos que varios de lo esos
provienen de órganos pertenecientes o vinculados al aparato digestivo
del animal; tal como lo declara el Talmud en el tratado de Taanit, esto
nos demuestra que el aparato digestivo del cerdo es uno de los puntos
de mayor compatibilidad con el ser humano.
Como nota informativa cabe destacar que la obligación de ayunar
para pedir clemencia al Todopoderoso ante una epidemia que se ha propagado
entre los cerdos, ha sido legislado por los sabios en el código
de leyes judío - Shulján Aruj: Oraj Jaim 576: 3. para ser
acatada en todo lugar y tiempo, donde este flagelo se encuentre.
El Rabí Iosef Karo, en el compendio “Beit Iosef”, cuando
se refiere al ayuno por la enfermedad de los cerdos, menciona también
como un parecido de las entrañas de esta especie a la humana, las
palabras “carne de persona”, informándonos de lo que
consta en el Talmud y comprobando esta similitud en la actualidad.
El tratado talmúdico de Julín (122ª) menciona otra
similitud entre el puerco y el hombre. El Talmud explica la similitud
existente entre la piel de cerdo doméstico con la piel humana,
en la actualidad, como vimos anteriormente, se usa en los trasplantes
de piel, en los casos de quemaduras de tercer grado
Entonces, por que nos enseña la Torá que no se puede ingerir
cerdo
En la sección de la Torá Sheminí se enumeran con
amplios detalles las especies vivientes que los hijos de Israel pueden
ingerir, y las que están prohibidas. Entre los que tienen pezuña
partida y están prohibidas encontramos al cerdo.
La Torá, prohibe terminantemente ingerir carne de cerdo: (Vaikrá
11: 8): “de su carne no comáis”. No entraremos en este
articulo en una explicación del por qué la Torá nos
prohibe ingerir esta carne, pero podemos ver en este experimento otro
aspecto negativo que sale de su consumo.
Si lo miramos desde un punto de vista científico citaremos un experimento
realizado para investigar las propiedades y efectos de la carne porcina.
tomaron dos grupos de ratones. Alimentaron a un grupo con esta carne y
al otro con un alimento distinto. Al poco tiempo, los citados roedores,
se volvieron caníbales atacando y comiéndose los unos a
los otros. Aquellos que no habían sido alimentados con cerdo no
mostraban absolutamente ninguna tendencia salvaje.
2El sabio Rabí Shlomo Efraim ben Aharón en su comentario
al Pentateuco titulado “Kli Yakar Vaikrá 11: 4., ya había
adelantado esta reacción: “Todos los alimentos ingeridos,
transmiten su naturaleza y tendencias a quien los ingiere”.
La pregunta obvia es: ¿Por qué entonces es posible fabricar
con los porcinos medicinas e ingerirlas y usar sus órganos?
La respuesta es: porque la Torá fue dada para la vida, como dice
“…y vivirás con ella…”, para vivir de acuerdo
a sus preceptos , y no para morir. Por lo tanto, si no hay otra manera
para sanar a la persona, excepto por vía de un remedio fabricado
con una base prohibida para el consumo de un judío, en ese caso,
este mismo se torna permitido e incluso obligatorio para esta persona.
De esta misma manera, quien padece de una enfermedad y debe tomar este
tipo de medicina, pasa a ser una persona que en este mundo puede elevar
espiritualmente a esa parte del animal de consumo prohibido, a un nivel
espiritual superior. Todo alimento permitido que ingresamos a nuestro
cuerpo resulta ser elevado espiritualmente por nosotros. Esto solo puede
acontecer con animales impuros o substancias prohibidas que se consumen
en una situación de necesidad para salvar una vida o sanar a la
persona lo mismo pasa con los órganos de un animal prohibido.
Al ingerir los alimentos aptos, vale decir alimentos CASHER, se nos permite
mantener la sanidad espiritual. La palabra en hebreo que denomina a los
alimentos prohibidos es TAREF - viene de la palabra METURAF - que significa
confundido. Los alimentos que no son aptos para un judío confunden
nuestras almas y nos hacen insensibles a nuestras necesidades, privándonos
del crecimiento espiritual. Las leyes prohibitivas de la Torá fueron
dadas a la persona para que por medio de su cumplimiento podamos mantener
una pureza espiritual elevada.
Mantener la vida, es lo más importante en el judaísmo. Para
cumplir los preceptos de la Torá debemos estar sanos tanto físicamente
como espiritualmente y lo que ingerimos nos da la fuerza para servir a
nuestro Creador.
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