El cerdo,
es un mamífero totalmente diferente a los que frecuentemente se ingieren;
es común en las personas considerarlo un animal detestable, sucio y
que trae enfermedades. En la jerga callejera, es común escuchar de
boca de aquellos que ofenden inescrupulosamente a su prójimo, términos
como: “¡Eres un cerdo!”. “¡Cochino!”.
“¡Chancho!”. “¡Puerco!”.
Informes de expertos declaran, que la composición de la carne de cerdo,
es realmente perjudicial para la salud de la persona, pues en este animal,
la grasa es intra-celular, vale decir esta dentro de la celula, mientras que
en otras especies - vacas, ovejas, ciervos carnero - está está
fuera de la célula en el tejido conectivo. Sin embargo siempre existe
la posibilidad de hallar en algunas reses muy viejas tambien pequeñas
cantidades de grasa dentro de la célula, pero en el cerdo particularmente,
el porcentaje de grasa es muy alto. Lo anteriormente afirmado se puede comprobar
realizando un experimento muy sencillo, al colocar un trozo de carne magra
de cerdo en una sartén caliente, de inmediato la grasa saldrá
despedida de la carne y esta comenzará a fritarse “en su propia
salsa”.
Ahora bien, puesto que la grasa de puerco contiene el doble de calorías
que los hidratos de carbono y las proteínas, lo primero que el cuerpo
hace con ella es almacenarla en el tejido conectivo. Esto explica la gran
cantidad de obesos entre los comedores de cerdo. La de ellos, es una grasa
firme y dura, difícil de desmontar.
La grasa siempre está asociada al colesterol. Las macro-moléculas
están cargadas de colesterol y juegan un papel importante en la hipertensión
y en la arteriosclerosis. Se las considera factores adicionales en el infarto
del miocardio y en las coronariopatías, en las afecciones circulatorias
de la periferia especialmente en combinación con nicotina.
La mayoría de la gente sabe que el cerdo es un animal capaz de comer
basura y revolcarse en el barro; por esta razón, aunque desconozcan
los efectos que ocasiona la carne porcina a la salud, de todos modos, consideran
al puerco, un ser detestable, y abominable por su conducta.
Existen, no obstante, aquellos que pese a este cuadro expuesto, consumen carne
porcina. Ello se debe a que son personas poco reflexivas, y no piensan en
el origen y procedencia de lo que llevan a su boca, ni en las consecuencias
para la salud que ello puede acarrear. Es algo similar a lo que acontece con
el fumador, quien cuando se inicia en este hábito, seguramente ya ha
escuchado muchas veces lo que sucede finalmente con un gran porcentaje de
los fumadores, pero, cuando fuma, no considera nada de esos informes y sugerencias,
prefiriendo “disfrutar de la vida”, sin pensar en lo que puede
ocurrir en el futuro.
El individuo que come cerdo, demuestra una gran falta de responsabilidad en
el cuidado de su propia salud, al ingresar las carnes porcinas a su organismo.
Además, deja al descubierto su total falta de coherencia, en el momento
en que le surge insultar a sus semejantes, pues en esa oportunidad les dice:
“¡Eres un cochino!”. ¡Cerdo!. ¡Puerco!. Desprecia
a los otros, utilizando lo que él mismo lleva a su boca.
El cuadro anteriormente descrito permite vaticinar que nadie desearía
compararse ni asemejarse a este tipo de animales y sería una verdadera
hipocresía pretender, tal como se dijo del mono, que los seres humanos
provienen del cerdo, dadas las enormes diferencias entre ambas especies.
¿Quién puede elevar al cerdo?
El informe que presentaremos a continuación, seguramente provocará
un marcado cambio con respecto a este enfoque popularizado.
Los seres humanos, como es sabido, comúnmente sufren enfermedades.
Muchas veces, los médicos comprueban que ya nada se puede hacer por
el paciente, dado que su hígado u otro órgano se encuentra destruido,
a veces las válvulas cardíacas ya no pueden seguir funcionando.
En muchos casos las horas del afectado están contadas, a menos que
se realice un transplante urgente, pero, para que esto pueda hacerse, deberá
aparecer algún donante, que suministre el órgano necesario.
Las grandes eminencias en el campo de la medicina lograron realizar con éxito
sustituciones de órganos, reemplazándolos por el de un donante
humano, lo que conocemos hoy en día como transplante de órganos
Desde que el Doctor Christiaan Barnard hiciera su primer trasplante de corazón
en Sud Africa, la técnica de trasplantes de órganos se ha generalizado
en la práctica médica por todo el mundo, habiendo alcanzado
altísimos niveles de perfección.
Sin embargo un gran problema comenzó a suscitarse, la demanda de órganos
comenzó a crecer, y los donantes no eran suficientes. Por este motivo,
los médicos pensaron en la posibilidad de recurrir a especies animales
como donantes de órganos (xenotransplantes).
Podíamos pensar que la utilización de órganos procedentes
de monos tendría lógica dada su supuesta proximidad evolutiva
con la especie humana; por esta razón se pensó en ellos en un
comienzo como potenciales abastecedores de órganos. Sin embargo hubieron
desde el comienzo varios problemas, el primero fue la diferencia de tamaño
de los órganos entre las especies; sin embargo, ante la ausencia de
otra alternativa, se realizaron muchos xenotrasplantes de riñón,
corazón, hígado y médula ósea procedentes mayoritariamente
de chimpancé y mandril con resultados negativos en la mayoría
de los casos.
Otro problema con el que los médicos se encontraron fue la falta de
compatibilidad, y además el rechazo provocado por el organismo humano
fue absoluto.
El tercer problema fueron las innumerables enfermedades transmitidas a través
de los órganos procedentes de los simios, las cuales resultaban letales
en muchos casos para el paciente trasplantado. Las dificultades experimentadas
con los transplantes de órganos proveniente de monos, provocó
que se deje de lado esta hipótesis, basada en una fantasía evolucionista
de parentesco entre el hombre y el mono, y se comience a buscar otro animal
más compatible y que fisiológicamente se asemeje más
al hombre para poder proveerle de órganos sustitutos.
Lo mas sucio y lo “más limpio"
Los investigadores sabían que la demanda de órganos es cada
vez mayor, por lo que urgía encontrar una solución a este tema.
Aunque parezca raro, ¿en qué animal pensaron los científicos?.
Ni más ni menos, en el cerdo.
Las cifras son aterradoras la cantidad de pacientes que esperan un transplante
de órgano es inmensa, por eso, los científicos, buscando una
solución al dilema, estudiaron el desarrollo y estructura molecular
del cerdo. Los hombres de ciencia quedaron sorprendidos por la enorme similitud
que presenta este animal con la raza humana. Se ha podido apreciar claramente,
que en la fase fetal, un porcino de 21 días, es sorprendentemente similar
a un feto humano de 31 días. También se pudo contemplar la enorme
similitud entre un embrión humano de 9 semanas, a uno de cerdo de 8
semanas.
Sólo para tener una idea de la importancia que el cerdo puede asumir
en la área de donación de órganos para el hombre, presentamos
las estadísticas de EE.UU. las cuales muestran que en el año
2000, había 67.000 pacientes esperando trasplantes en ese país
(44.000 para el Hígado, 4.000 para el corazón y 3.600 para los
pulmones). Infelizmente, sólo 20 mil trasplantes fueron realizados.
La investigación mostró que más de 100.000 personas,
ni entraron en esta " línea de espera" y que miles mueren
todos los días por la falta de donadores.
Los expertos en el campo de la medicina, decidieron después de intensivas
pruebas e investigaciones que los órganos del cerdo pueden ayudar a
mucha gente que se halla en lista de espera de un posible donante para recibir
un trasplante. Así fue, como comenzaron a desarrollar este proyecto,
y pudo comenzar a aplicarse en pacientes que tenían las horas contadas.
El cerdo comenzó a utilizarse para proporcionar válvulas cardiacas
que son retiradas de su corazón y conservadas en una mezcla química,
hasta que se las necesite para transplantar en seres humanos. Estas válvulas
pueden permanecer en ese preparado por 5 años, hasta que sean requeridas.
El hígado de cerdo también comenzó a emplearse: en 1992,
en la Universidad de Pádova, Italia, una mujer de 33 años recibió
el primer trasplante de un hígado artificial producido a partir de
células modificadas de cerdo. Afectada por una hepatitis fulminante,
esta mujer con el trasplante consiguió sobrevivir durante 4 días
hasta que se encontró un hígado humano para el trasplante definitivo.
El páncreas del cerdo es un órgano del que se obtiene Insulina,
una hormona esencial para los diabéticos. La insulina está encargada
de permitir la entrada de azúcar en las células y de reducir
su tasa en la sangre, evitando de esa manera que alcance niveles mortales
para el hombre.
De la glándula pituitaria del cerdo puede obtenerse el ACTH que es
una hormona usada en la medicina humana para el tratamiento de artritis y
enfermedades inflamatorias.
La Tiroides del cerdo se usa para obtener medicamentos que se usarán
por personas que poseen glándulas tiroides poco activas.
La mucosa intestinal del cerdo se usa para obtener una sustancia llamada Heparina
que tiene propiedades anticoagulantes y es aplicada en medicina humana en
los casos de trombosis.
Del pulmón del cerdo, puede ser retirada una sustancia llamada surfactante
que es indispensable para el tratamiento de bebés nacidos con el síndrome
de inmadurez pulmonar. Sin esa sustancia, que es utilizada como lubricante,
los bebés corren un serio riesgo de morir por asfixia.
La piel del cerdo puede usarse en los trasplantes temporarios en el hombre,
en los casos de quemaduras de tercer grado, que causan grandes discontinuidades
de su piel. Esta piel no sirve para los trasplantes definitivos, debido a
que el cuerpo humano en muchos casos la rechaza.
El panorama descrito, es impresionante y demuestra que el ser humano tiene
mucha mayor afinidad con el cerdo que con el mono. El organismo del cerdo
se asemeja increíblemente al del ser humano, mientras que el del mono
es totalmente diferente e incompatible.
Lo que hemos visto anteriormente demuestra claramente que “las apariencias
engañan”, no hay que fijarse en lo superficial o exterior, sino
en la esencia, o lo interior. Este concepto tan importante ha sido enseñado
por los sabios en el Talmud la mishna en Pirkei Avot nos enseña: “no
te fijes en el recipiente, sino en su contenido”.
El Talmud, es la enciclopedia judía más maravillosa que existe
y nos explica la Torá escrita. En el Talmud se pueden encontrar enseñanzas
que abarcan todos los ámbitos de la vida. Todo lo que se necesita saber
está escrito. Si uno quiere saber acerca del tema del cerdo que hemos
tratado en este artículo, también acudiremos al Talmud y hallaremos
un resumen de lo que ha llevado a los científicos, varios siglos en
descubrir.
En el tratado de Taanit, 21ª consta que cierta vez, hubo una peste que
afectó a los cerdos. Rabí Iehuda, que era uno de los eruditos
más importantes de la época al enterarse, decretó inmediatamente
que toda la población ayune para que el Todopoderoso se apiade de los
pobladores, y quite de allí ese flagelo. El sabio movilizó a
todos los habitantes del lugar provocándoles todos las molestias que
ocasiona el abstenerse de probar alimento y tomar agua durante todo el día.
Cabe destacar que todo esto fue pese a que ningún ser humano había
resultado afectado aun por la epidemia.
El decreto sentenciado por Rabí Iehuda, fue analizado por los sabios
que le sucedieron, los cuales se reunieron para averiguar los pormenores del
asunto. Los presentes se preguntaron: ¿Por qué razón
decretó Rabí Iehuda un ayuno público?. La respuesta fue:
Por una peste que se había propagado entre los cerdos.
Uno de los sabios preguntó: ¿Acaso consideraba Rabí Iehuda
que si una especie animal es afectada, eso causará que las demás
especies se contagien, provocando peligro a los hombres?.
La respuesta le fue dada de inmediato: “!De ninguna manera¡”.
Si se propaga una peste entre los monos, no se decreta ningún ayuno.
En caso de contraer las vacas una epidemia, tampoco se sentencia ayuno alguno.
Y así se ha de proceder con todas las demás especies animales,
ya que no es peligroso para la humanidad que ellos se enfermen. Los males
que los afectan en la mayoría de los casos, no son peligrosos para
los organismos de las personas. (A menos que se consuma su carne, en ese caso
si existe el riesgo).
Sin embargo, la pregunta obvia no tardó en saltar en la mesa de debate:
entonces, “¿Qué tienen de diferente los cerdos, que por
causa de su enfermedad toda la población debe ayunar y pedir clemencia
al Creador por esta enfermedad?”.
La respuesta a este interrogante fue terminante: “Es necesario ayunar
en caso de peste en los cerdos, porque su aparato digestivo es similar al
de los humanos”. Por eso, los males que los atacan, son propensos a
contagiar a las personas, a pesar que no consuman su carne.
De la sentencia anterior deduce el comentario del Talmud llamado Tosafot:
“Si la razón del peligro de contagio en los humanos es, por causa
de que el aparato digestivo de los cerdos se asemeja al de los hombres, en
ese caso, corresponde decretar ayuno cuando hay una epidemia entre los gentiles
también”. Su deducción fue aceptada.
Evidentemente, los sabios del Talmud, sabían sobre la anatomía
humana, la de los animales, y como funciona todo el universo, ya que todo
les fue explicado por vía oral, por sus padres y maestros. Esta información
fue transmitida de boca en boca, generación tras generación,
desde que el Todopoderoso la entregó a Moshé en el Monte Sinaí
hasta que fue ordenada y escrita en el Talmud cuando el pueblo fue exiliado
a Babilonia. Esta es la razón por la cual los sabios sabían
hace más de dos mil años la compatibilidad de los órganos
del cerdo con los de los humanos.
Otros datos ilustrativos
Al analizar las distintas utilidades del cerdo en el campo de la medicina,
parte de las cuales hemos enumerado, comprobaremos que varios de lo esos provienen
de órganos pertenecientes o vinculados al aparato digestivo del animal;
tal como lo declara el Talmud en el tratado de Taanit, esto nos demuestra
que el aparato digestivo del cerdo es uno de los puntos de mayor compatibilidad
con el ser humano.
Como nota informativa cabe destacar que la obligación de ayunar para
pedir clemencia al Todopoderoso ante una epidemia que se ha propagado entre
los cerdos, ha sido legislado por los sabios en el código de leyes
judío - Shulján Aruj: Oraj Jaim 576: 3. para ser acatada en
todo lugar y tiempo, donde este flagelo se encuentre.
El Rabí Iosef Karo, en el compendio “Beit Iosef”, cuando
se refiere al ayuno por la enfermedad de los cerdos, menciona también
como un parecido de las entrañas de esta especie a la humana, las palabras
“carne de persona”, informándonos de lo que consta en el
Talmud y comprobando esta similitud en la actualidad.
El tratado talmúdico de Julín (122ª) menciona otra similitud
entre el puerco y el hombre. El Talmud explica la similitud existente entre
la piel de cerdo doméstico con la piel humana, en la actualidad, como
vimos anteriormente, se usa en los trasplantes de piel, en los casos de quemaduras
de tercer grado
Entonces, por que nos enseña la Torá que no se puede ingerir
cerdo
En la sección de la Torá Sheminí se enumeran con amplios
detalles las especies vivientes que los hijos de Israel pueden ingerir, y
las que están prohibidas. Entre los que tienen pezuña partida
y están prohibidas encontramos al cerdo.
La Torá, prohibe terminantemente ingerir carne de cerdo: (Vaikrá
11: 8): “de su carne no comáis”. No entraremos en este
articulo en una explicación del por qué la Torá nos prohibe
ingerir esta carne, pero podemos ver en este experimento otro aspecto negativo
que sale de su consumo.
Si lo miramos desde un punto de vista científico citaremos un experimento
realizado para investigar las propiedades y efectos de la carne porcina. tomaron
dos grupos de ratones. Alimentaron a un grupo con esta carne y al otro con
un alimento distinto. Al poco tiempo, los citados roedores, se volvieron caníbales
atacando y comiéndose los unos a los otros. Aquellos que no habían
sido alimentados con cerdo no mostraban absolutamente ninguna tendencia salvaje.
2El sabio Rabí Shlomo Efraim ben Aharón en su comentario al
Pentateuco titulado “Kli Yakar Vaikrá 11: 4., ya había
adelantado esta reacción: “Todos los alimentos ingeridos, transmiten
su naturaleza y tendencias a quien los ingiere”.
La pregunta obvia es: ¿Por qué entonces es posible fabricar
con los porcinos medicinas e ingerirlas y usar sus órganos?
La respuesta es: porque la Torá fue dada para la vida, como dice “…y
vivirás con ella…”, para vivir de acuerdo a sus preceptos
, y no para morir. Por lo tanto, si no hay otra manera para sanar a la persona,
excepto por vía de un remedio fabricado con una base prohibida para
el consumo de un judío, en ese caso, este mismo se torna permitido
e incluso obligatorio para esta persona.
De esta misma manera, quien padece de una enfermedad y debe tomar este tipo
de medicina, pasa a ser una persona que en este mundo puede elevar espiritualmente
a esa parte del animal de consumo prohibido, a un nivel espiritual superior.
Todo alimento permitido que ingresamos a nuestro cuerpo resulta ser elevado
espiritualmente por nosotros. Esto solo puede acontecer con animales impuros
o substancias prohibidas que se consumen en una situación de necesidad
para salvar una vida o sanar a la persona lo mismo pasa con los órganos
de un animal prohibido.
Al ingerir los alimentos aptos, vale decir alimentos CASHER, se nos permite
mantener la sanidad espiritual. La palabra en hebreo que denomina a los alimentos
prohibidos es TAREF - viene de la palabra METURAF - que significa idiota.
Los alimentos que no son aptos para un judío idiotizan nuestras almas
y nos hacen insensibles a nuestras necesidades, privándonos del crecimiento
espiritual. Las leyes prohibitivas de la Torá fueron dadas a la persona
para que por medio de su cumplimiento podamos mantener una pureza espiritual
elevada.
Mantener la vida, es lo más importante en el judaísmo. Para
cumplir los preceptos de la Torá debemos estar sanos tanto físicamente
como espiritualmente y lo que ingerimos nos da la fuerza para servir a nuestro
Creador.
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